miércoles, 29 de mayo de 2013
10/5/2013 – La Portelleta
Al levantarme, miro por
la ventana y sólo veo niebla. El hombre del tiempo nos había advertido que
pasaba un frente pero teníamos la esperanza de que la niebla acabara
levantándose.
Hoy el plan era subir la
Portelleta, uno de los pasos a la Carena de Salga. Yo personalmente nunca había
subido este camino, así que prometía ser todo un descubrimiento.
Una vez más, cruzamos el
Pont del Climent pero, al acabar la pista, en vez de seguir recto, giramos a la
derecha y nos adentramos por uno de los pequeños arroyos. Los excursionistas
han marcado el camino con ‘fites’ o montículos de piedras y también los
cazadores han ido marcando con pintura todos los caminos, creando una red
propia.
Iniciamos el camino hacia la Portelleta. Observad el punto rojo, marcando la red creada por los cazadores
Llegamos a una segunda
bifurcación. Giramos a la izquierda; el camino de la derecha lo haremos de
bajada. Mientras seguimos al lado del agua, el camino es casi plano. Sin
embargo, llega un momento que entra en la canal y el camino empieza a tener
cada vez más pendiente. La niebla se va cerrando alrededor nuestro y nuestro
universo se va haciendo cada vez más pequeño. Hay mucha humedad y el camino se
hace resbaladizo sobre las piedras.
La niebla se hace más espesa
Dejamos un camino a la
izquierda y llegamos al pie del ‘grau’, que es una zona de escalada fácil usada
como atajo. Con lo resbaladizo que está la piedra, Pep desaconseja probar la
subida y damos media vuelta. Cogemos el camino a la izquierda para buscar el
camino antiguo a La Portelleta, que encontramos, saliendo de una carbonera. Hay
tanta humedad que parece que está lloviznando, pero es la condensación que cae
de los árboles. Recordando las circunstancias trágicas de la muerte de mi GPS
el año pasado, temo por mi electrónica pero de momento, no da muestras de
desasosiego.
A falta de horizontes, nuestra visión se fija en lo más próximo
El camino va subiendo con fuerte pendiente con interminables eses. Entroncamos con el camino que viene del ‘grau’ y poco después, veo otro camino a la izquierda que Pep desecha: “Camino de rebecos”, me dice escuetamente. Cincuenta metros más de desnivel y llegamos arriba. A la Carena (o arista) de Salga, ya había estado unas cuantas veces y sabía que había una vista que abarcaba media Cataluña, pero hoy es invisible; no vemos más de 10 metros a la redonda.
Pep quiere dar cierta
formalidad a la ocasión y hace las presentaciones: “La Portelleta, Steve; Steve,
La Portelleta”, dice con un gesto aristocrático de la mano. “Encantado”,
respondo y nos sentamos para tomar un refrigerio. Sin embargo, el sudor empieza
a enfriarse y nos obliga a ponernos nuevamente en movimiento. Bajamos por el
mismo camino, intentando no resbalar en el fango ya que hay mucha pendiente.
La vista desde la Portelleta
Al llegar al camino
desechado, le viene a la memoria de Pep una noticia de que los cazadores habían
abierto un camino nuevo a la cresta, en el Serrat dels Toixons, y ahora se
convierte en un camino digno de seguir. No hay duda que antiguamente fue un
camino de animales, pero ahora está arreglado con troncos y escalones. La
niebla nos impide ver el precipicio a nuestra izquierda pero se intuye. “Echo
de menos alguna banderilla”, pienso.
Tras hacer 75 metros de desnivel,
volvemos a estar arriba. Tomamos nota y volvemos a bajar. Al volver a situarnos
en la bifurcación hacia el ‘grau’, tomamos un camino transversal que nos lleva
a la zona llamada “La Gleva”, debajo de la montaña de Salga Aguda. Aquí almorzamos,
en un claro creado por los cazadores para esperar la llegada de los jabalís.
El camino de bajada
Ante la poca visibilidad,
la humedad y el frío y habiendo alcanzado nuestro objetivo primario, decidimos
que es hora de volver a casa. Buscamos el camino de bajada. Al principio,
parece más bien un camino de bajar troncos pero al llegar a la primera
carbonera, adquiere más categoría. Al salir del bosque, vemos como la niebla
empieza a levantarse. Al salir a la pista del Pont del Climent, empiezan a
aparecer manchas de azul en el cielo y al llegar al puente, la niebla ya se
está batiendo en retirada y empieza a salir el sol.
Un insecto espera pacientemente la floración de la oreja de oso
Al llegar a Berga, ya no
quedan restos de nubes, el sol brilla con fuerza y hace una temperatura
auténticamente primaveral. A veces, ocurren cosas que parecen hechas adrede.
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 6,9
km ; 670
metros de desnivel acumulado.
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martes, 14 de mayo de 2013
3/5/2013 – Can Volat
La semana siguiente
fueron 5 días pasados por agua. Además, el virus se había adueñado de mi
cuerpo, causando daños celulares de tal magnitud que sólo me quedaban fuerzas para
tragar comprimidos de aspirina. Para esta semana, pido a Pep una salida para
convalecientes.
Con la lluvia, el pantano
está lleno. Imposible pasar por el Pont del Doro y aparcamos en el Pont del
Climent, pasado Vilada. Pero antes de cruzar el puente, recorremos la pista plana
hacia el oeste para ver la presa utilizada por la antigua fábrica textil, cerca
del Pont del Doro. Cae una cantidad impresionante de agua. La presa es moderna
pero aún se ven restos de la presa antigua.
La presa del Molí de Baix
Volvemos al puente, lo
cruzamos y seguimos hacia el este el camino que bordea el río. En los mapas hay
el topónimo del Rec de Can Volat, que es un arroyo que sube hacia la Carena de
Salga, y el mapa de la Alpina marca una casa con el mismo nombre muy cerca del
camino del río. En vez de subir por una canal, Pep propone buscar esta casa y
así no me cansaré tanto.
El Pont del Climent
El camino empieza bastante plano, apto para convalecientes. Primero es una pista, hasta la bifurcación a la Portalleta, y luego es camino. Con el efecto acordeón que hace la memoria, ya no me acordaba de las subidas y bajadas que vienen luego y volver a recordarlas en primera persona es un duro golpe para mi cuerpo aún debilitado.
El camino que bordea el río
Restos de la pasarela para cruzar el río cerca de la Font de la Pega
Pero, tras un pequeño
desvío para visitar la Font de la Pega (que tome nota nuestro amigo de los
hornos), por fin llegamos a donde tendría que estar la casa de Can Volat.
Efectivamente, es una zona relativamente llana con algunos campos y nos
dividimos para recorrerla toda pero de la casa, ni rastro. “Can Volat s’ha
volat”, piensa mi alterego catalán. Tan sólo encontramos un lugar que da la
impresión de que podría ser un buen lugar para poner una casa pero sin restos
de construcciones. Pero al ir subiendo la cresta, vemos que arranca un camino
inédito para nosotros. Lo seguimos hasta su empalme con el camino ya conocido que
sube el Rec de Can Volat. “Sen’s ha girat feina”, dice Pep. “Tenemos cosas para
hacer aquí”.
Bajando otra vez al río después de buscar Can Volat
Imposible pasar
Pep quería ver el molino
de Canemars pero al llegar al río, las piedras para cruzar han quedado sumergidas
bajo el agua crecida y es imposible vadear el río. No nos queda más remedio que
dar la vuelta y encaminarnos nuevamente al Pont del Climent.
Con el coche, vamos hasta
la pista que va al molino. Ha habido una tala de árboles aquí y ahora el acceso
al molino está mucho mejor. Con suerte, algún día será un lugar agradable para
picnics familiares. Con el agua y las cascadas, es un lugar bastante idílico,
pero yo ya estoy muy cansado y sólo pienso en volver a casa.
El molino de Canemars
Las ruedas de moler en el interior
Y la cascada
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 11,6
km ; 580
metros de desnivel acumulado.
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martes, 7 de mayo de 2013
20/4/2013 – Regreso a las Minas del Catllaràs
Había quedado hoy con
Josep Mª para utilizarlo como conejillo de Indias en la ruta de las minas del
Catllaràs. Al ser una de las entradas más visitadas del blog, tenía la idea de proponerla
como posible ruta guiada y quería ver sus reacciones. Pero después de las
lluvias de ayer, la temperatura ha bajado sensiblemente y se nota un aire frío
con viento del norte. Además, empiezo a tener síntomas de una especie de
anginas y mucho me temo que pagaré muy cara esta salida.
Camino de la Mina del Moreno, todavía con aires de invierno
Pero ahora no hay vuelta
atrás. Dejo aparcado el coche en el arranque del camino a la Mina del Moreno.
Para más detalles, remito al lector a la descripción de la salida del 25/7/2011
ya que la ruta es esencialmente la misma. Pasamos por la Mina del Moreno,
subimos a la Pleta de les Vaques, visitamos la chimenea y el pozo de
ventilación de la Mina del Moreno y la barraca de los mineros (por cierto,
alguien se ha llevado la pala). Al llegar a la fuente en la pista del Prat
Gespador, vemos a grupos de personas que vienen recorriendo la pista en uno y
otro sentido, uno guiado y otros autoguiados. Debo suponer que están
promocionando esta “Ruta del Catllaràs” en la Pobla de Lillet o desde alguna
web turística, enlazando trozos de GR y PR.
Pleta de les Vaques
Hablando con esta gente, es
inevitable darse cuenta del abismo entre conocer y no conocer una zona y lo
mucho que se pierde siguiendo rutas señalizadas. Pero hay que ser humilde
porque a mí me pasa lo mismo cuando voy a una zona desconocida para mí.
Antes de ir a la Roca de
la Lluna, quería mostrar a Josep Mª el Joc de la Pilota, como buen lugar para
llevar a su hijo. Se trata de un prado. Su atractivo reside en el hecho de que
está oculto detrás de unas rocas, con una entrada estrecha desde el sur y otra
desde el norte, dando la impresión de entrar en una especie de Shangri-La. Su
nombre original es Prat de les Dameses y los caminos de entrada y salida forman
parte de un PR. Cuando funcionaban las minas, los ingenieros ingleses que
vivían en el Xalet del Catllaràs buscaban un lugar plano para jugar a fútbol.
Éste fue el único lugar cercano que encontraron y se cambió el nombre para
reflejar su nuevo uso.
Detrás de estas rocas se esconde el Prat de les Dameses
Aunque ahora empieza a
invadirlo el bosque, es un lugar solitario que invita a quedarse un rato. Pero
nosotros no podemos y, al salir, nos golpea el gélido viento del norte. Pero lo
que para mí augura una pulmonía segura, para Josep Mª es una agradable brisa
que refresca sin agobiar y le libera de esa sensación de asfixia que le produce
este tiempo de abril, que seguramente pasará a la historia como uno de los más
fríos.
Un gélido Puigmal
Llegamos al mirador de la
Roca de la Lluna donde almuerzo apoyado en una roca, cerca del pequeño
merendero y bien resguardado del viento, mirando el ir y venir de grupos de
excursionistas. Desde allí, bajamos al Xalet del Catllaràs y luego a la Mina
del Cable. Tengo la sensación de que alguna cosa más ha caído al suelo desde la
última vez que estuvimos aquí la primavera pasada.
Arranque del teleférico en la Mina del Cable
Continuamos hasta la Mina
del Teixó y ya cansado, me irrito ante esta subida en línea recta por una fea
pista de desembosque. Desde la bocamina, marcha un camino hacia arriba, que
seguimos y parece ir hacia la Mina del Cable. Aunque ahora tenue, sin duda era
el camino que conectaba las dos minas. Volvemos a la Mina del Teixó y, para
acabar, subimos sin camino la fuerte pendiente hasta la Mina del Moreno, y de
allí al coche.
Desde el interior de la Mina del Teixó
Pregunto a Josep Mª qué
le ha parecido. Coincide conmigo en que la subida a la Mina del Teixó es el
punto más débil pero en su día fue la mina más importante y sus restos siguen
siendo los más espectaculares. Las ruinas dan un sentido de historia y del paso
del tiempo y de ruinas tenemos muchos en el Berguedà, gracias a Dios, pero a mi
modo de ver, faltan ruinas “arregladas” y sobran ruinas “destartaladas”.
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 11,25
km ; 550
metros de desnivel acumulado.
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sábado, 4 de mayo de 2013
19/4/2013 – Canal de Sant Miquel
El hombre del tiempo
había pronosticado mal tiempo para hoy pero, mirando por la ventana a las 7.30,
vemos que aún puede aguantar y decidimos probar suerte.
Ahora tocaría la zona de
la Canal de Sant Miquel y el acceso es desde el Pont del Doro. Cuando el
pantano está lleno, este puente está sumergido pero cuando llegamos, vemos que todavía
se asoma del agua. Al estar al final del pantano, aquí se acumula la basura y
entre la fábrica textil abandonada arriba y restos de todo tipo aquí abajo, la
impresión dista mucho de ser idílica.
El Pont del Doro
Pero hoy el puente es
sólo un medio para un fin y el fin es ir a la Canal. Cruzamos; un poste de la
Xarxa Lenta indica la subida por la Canal dels Colletons pero nosotros seguimos
el camino que flanquea el pantano hacia el oeste hasta llegar a las ruinas de
la casa de Cal Mitger, con el área recreativa del Molí del Cavaller en la otra
orilla.
Vista del pantano desde Cal Mitger
Aquí empieza la entrada
de la Canal de Sant Miquel. Aunque no tiene ninguna señalización oficial, es
quizás la más asequible de todas las canales ya que empieza con una larga
entrada en el valle por un camino casi plano. Aquí el musgo en los árboles es
espectacular. A juzgar por las huellas, los motoristas también conocen el
camino.
Entrando en la Canal de Sant Miquel
Finalmente, después de recorrer
casi un kilómetro por el fondo del valle, el camino empieza a elevarse para
dirigirse hacia el Coll del Reposador. Pero justo en ese momento Pep nos confiesa
que en realidad no quería subir la Canal de Sant Miquel sino buscar un camino
que sube una canal contigua, la Canal de la Fagedeta. Alguien le había dicho
que se podía subir esa canal pero él nunca lo había hecho. Tenemos delante la
entrada a la Canal pero nuestra primera incursión es infructuosa; una barrera
infranqueable de piedra nos impide continuar por el fondo.
Volvemos a la bifurcación
y subimos un poco más por el camino principal. Y al poco rato vemos otro camino
que marcha hacia la izquierda. Ya lo habíamos visto en otras subidas pero, por
razones que no acabamos de explicarnos, nunca lo habíamos seguido. Quizás era
por una suposición inconsciente de que era simplemente una variante del camino
principal. Pero con los años, hemos ido soltando barreras conceptuales y hoy
entramos en el camino sin complejos.
Como he venido contando
en las últimas entradas, un grupo de cazadores se ha dedicado a limpiar todos
los caminos que suben las canales. Es una mala noticia para la población de
jabalís pero muy buena para nosotros porque caminos que antes sólo eran insinuaciones ahora tienen una claridad diáfana.
Subiendo la Canal de la Fagedeta
Este camino sí tiene
continuidad. Hacemos 300
metros de desnivel enlazando carboneras; incluso hay una
fuente cerca de la salida en Els Colletons. Salimos en los prados detrás de la
casa de Sant Miquel, justo a tiempo para ver una multitud de buitres que vuelan
a baja altura alrededor nuestro. Pero no tardan en aburrirse y se marchan; aún
debemos hacer cara de salud, incluso después de esta subida.
Por fin salimos del túnel
Los prados están
empezando a llenarse de flores. Caminamos hacia la casa. Aquí tenemos vistas
despejadas hacia el sur y el oeste y vemos como empiezan a amontonarse las
nubes de lluvia. Pep quería mirar caminos por la zona de Baumort pero viendo
cómo está cambiando el tiempo, decidimos acortar la salida y bajar por la Canal
de Sant Miquel.
La casa y la iglesia románica de Sant Miquel
Pasamos la casa y
caminamos hacia el Camp de la Collada. Tomamos un camino de atajo para no pasar
por la pista y en ese momento suena el móvil de Pep. Es un colega de la
Sociedad de Arqueología. Pep contesta con voz jovial pero su cara enseguida se
vuelve seria. “No me jodas”, dice y se sienta. Carles y yo nos alejamos para darle
un poco de intimidad y cuando se reúne con nosotros, nos informa que el
Secretario de la Sociedad de Arqueología murió la noche anterior de un infarto
fulminante. Justamente, Pep había estado con él quizás una hora antes de morir,
ayudando a montar un espectáculo para la Coral de Gironella. Se acababa de
jubilar con 62 años de una caja de ahorros y estaba lleno de proyectos y
aparentemente en perfecto estado de salud.
“No es justo”, protesta
Carles. Aquí el lector me permitirá un pequeño inciso. Es cierto que la
esperanza de vida ha mejorado mucho y una muerte repentina a una edad
relativamente joven siempre impacta. Pero también es cierto que nadie nace con
un certificado de longevidad garantizada en la mano y la estadística sólo es
fiable para lo general, no para lo particular. Carpe diem, decían los
filósofos. Si viviéramos cada día como si podría ser el último (y algún día lo
será), seguro que cambiarán muchas cosas.
En el Coll del Reposador. Delante, Gotzera y Sobrepuny. El tiempo empieza a complicarse
Comemos en silencio en el
Coll del Reposador, a la entrada de la Canal de Sant Miquel. Reflejando el
estado de ánimo imperante, las nubes son cada vez más espesas y nos damos prisa
para iniciar el descenso. Aquí, en los tramos de más pendiente, se nota más el
paso de las motos, a pesar de que legalmente las motos no pueden salir de las
pistas forestales. Hay motoristas que dicen que los caminos se conservan gracias
a ellos. Pero, mirando las zanjas excavadas en la tierra por los neumáticos,
ese argumento no me convence. “Habla de eso en tu blog”, me dice Carles. Y así
he hecho.
Volvemos a empalmar con
el camino de entrada en la Canal de la Fagedeta y deshacemos el camino ya
recorrido hasta el coche. Una hora y media después, empieza a llover en Berga.
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 7,5
km ; 450
metros de desnivel acumulado.
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miércoles, 24 de abril de 2013
Estoy en Facebook
He creado una página de Facebook, Steve's Routes. Aquí podréis encontrar noticias sobre otras actividades, salidas no incluibles en el blog, propuestas, tesoros ocultos, lugares emblemáticos y otras curiosidades, todo relacionado con el Berguedà y alrededores. Las entradas están escritas en tres idiomas: castellano, catalán e inglés. Encontraréis el link en la sección "Enlaces útiles".
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martes, 23 de abril de 2013
12/4/2013 – Canal de Verdaguer
Hoy estamos de
enhorabuena. Nos acompaña un conocido de hace tiempo. Me pide que le guarde el
anonimato pero sí puedo revelar que es toda una autoridad en el mundo del
excursionismo y su interés (u obsesión, según si mire) actual gira en torno a
los hornos de alquitrán de pino (forns de pega, en catalán). Evidentemente, Pep
está encantado de tenerlo con nosotros; por fin, puede hablar con alguien de su
mismo nivel.
Hoy toca la Canal de
Verdaguer. El único acceso practicable es desde el Collet de les Fustes pero
esta vez Pep propone pasar por el Molí de Pedret, Santeugenia y Bossoms y luego
subir una cresta hasta llegar al Collet. No acaba de explicar las razones de
esta decisión.
Aparcamos una vez más en
el Pont de Pedret y tomamos el camino hacia el molino. Es un camino muy bonito,
plano y recomendable para salidas de familia y las ruinas del molino añaden un
punto de interés. Mientras Pep conversa animadamente con nuestro invitado, entramos
en la pista de Santeugenia pero en vez de pasar por el camino antiguo que iba
enlazando las casas de Santeugenia, el Llevaig y Bossoms, toma la pista que
sigue el Rec de Bossoms.
Esta pista, aparte de ser
bastante fea, sube y baja como una montaña rusa. “¿Por qué no has tomado el
camino de las casas?”, me atrevo a preguntarle. “Es más recto”, me dice
escuetamente y reanuda su conversación con nuestro invitado. Llegamos a la Font
de Bossoms; al lado, sigue el camino a la casa pero Pep pasa de largo y sigue
por la pista. “¿Por qué no has tomado el camino?”, le pregunto, acusador. “Lo
de más recto ya no vale. Por la pista es más largo”. “Así tengo más tiempo para
hablar con nuestro acompañante”, por fin me contesta, acorralado. Está claro
que mis preguntas le importunan y me callo.
La casa de Bossoms. Detrás, las montañas de Figols
Llegamos a la casa de Bossoms,
todavía entera pero deshabitada y rodeada de prados. Tomamos otra pista hacia
el norte que luego dejamos para subir una áspera cuesta sin camino. En una superficie
de roca inclinada, Pep ve un dibujo inconfundible. Indica la ubicación de un
horno de aceite de enebro. Como la bolsa de Mary Poppins, nuestro acompañante
abre su mochila y empieza a sacar cosas. Todo lo necesario para limpiar y
desbrozar, una cinta de medir, hasta una cuerda de escalada.
El dibujo del horno de aceite de enebro
Una vez satisfecha nuestra curiosidad, continuamos la subida hasta llegar a una pared de roca. Nuestro acompañante y Pep se meten dentro del boj y suben con cierta dificultad. “No vengas, Steve”, me dice Pep. “No subirás”. “¿Tampoco con una cuerda?”, pregunta nuestro acompañante desde arriba. “Tampoco”, confirma Pep.
No llego a ver por donde han subido y opto por buscar otra ruta con Carles. Igual sí que lo podría haber subido pero nunca lo sabré. De todas formas, encontramos un tenue camino de flanqueo que seguramente era el camino que venía al horno desde la casa de Sant Miquel y lo seguimos hasta encontrar un lugar más fácil para subir.
Pep nos comunica que hace
20 años le dijeron que había un horno de aceite de enebro pero nunca lo había
conseguido encontrar, hasta ahora. Al final, todo llega.
Llega la primavera a marchas forzadas. Narcisos silvestres cerca del Collet de les Fustes.
Llegamos al Collet de les
Fustes e iniciamos el descenso de la Canal del Verdaguer. Bajar estas canales,
sobre todo ahora con los caminos recién limpiados, es una delicia. El sol
acaricia pero no agobia; además, estamos protegidos por las hojas de los
árboles. Los pájaros cantan como si quisieran darnos la bienvenida. Aparte de
nosotros, los únicos indicios de presencia humana son el camino y las
carboneras espaciadas a intervalos regulares.
Musgo en los árboles en el tramo inferior de la Canal de Verdaguer
Y así llegamos al camino
transversal que va enlazando las distintas canales, ya cerca del pantano. Ahora
toca dar la vuelta y buscar el camino lateral que pasa debajo de la Cingle de
les Cabres. Subir estas canales, a pesar de tener los caminos recién limpiados,
es un suplicio. El sol sólo hace que sudemos más, y el sudor me entra en los
ojos y produce un incómodo escozor. Las hojas y las ramas de los árboles nos
obstaculizan y rascan. Los pájaros, parece que se mofan de nosotros con sus
cantos burlones.
Cruzamos el fondo de la
canal para tomar el camino lateral. Carboneras y más carboneras. Llegamos a una
bifurcación y giramos nuevamente para tomar el camino que pasa a pie de
precipicio en la Cingle de les Cabres. Por fin, salimos a un collado, con una
magnífica vista delante y aquí comemos.
Después de comer,
empalmamos nuevamente con el camino de la Canal de Verdaguer y volvemos a salir
en el Collet de les Fustes. “¿Tanto bajar y subir para acabar en el mismo
sitio?”, me pregunto. La tentación de dejarme llevar por pensamientos lúgubres
sobre la futilidad de la acción humana es enorme, pero los otros ya se marchan
hacia La Covil y yo tengo que pedir un favor a Pep.
Camino empedrado cerca del Molí de Pedret; foto tomada en 2004
Por la mañana, no había
podido sacar fotos del Molí de Pedret y le pido que vayamos hacia la Font Bona
desde La Covil en lugar de pasar otra vez por la Mesquita. Pep accede
magnánimamente. Desde un collado cerca de la Font Bona, baja un camino serpenteante
que desemboca en los campos de Santeugenia y así llegamos otra vez al Molí de
Pedret. Pero la luz no es buena y tendré que tirar de fotos de mi archivo.
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 11,5
km ; 850
metros de desnivel acumulado.
Nota histórica: Los
hornos de aceite de enebro (forns
d’oli de ginebre, en catalán) se
construían sobre una roca plana e inclinada sobre la cual se marcaban unos
surcos. Sobre un pequeño fuego se colocaba una lata con ramas cortadas de
enebro dentro y se destilaba la madera. El aceite salía por unos agujeros en la
lata y corría por los surcos hasta llegar a un recipiente. Se utilizaba como
medicina popular, sobre todo para animales.
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viernes, 29 de marzo de 2013
22/3/2013 – Canal del Sant y Canal de l’Avellanosa
Un cúmulo de
circunstancias me han impedido salir hasta ahora. En el fin de semana del 9 y
10 de marzo, estuve en Inglaterra. Cuatro días sin ver el sol, con frío y
humedad mientras aquí se disfrutaba de un tiempo cálido y primaveral. Ese fin
de salida, Pep y Carles recorrieron la carretera del valle del Llobregat,
anotando puentes y molinos.
Pero hoy por fin podemos
reanudar nuestro repaso de las canales de Picancel. En el Mikado, Pep mira con
desaprobación mi magdalena. “No sé cómo puedes comer esas bombas de
colesterol”, me dice. Pregunto a Marta, la dueña del Mikado, cuánto pesa cada
magdalena. Entra en la cocina. 85 gramos , me dice cuando sale. Sumando 4
semanas desde la última salida, eso hace 2,5 kilos. Un buen stock.
Como Pep quiere hacer
todas las canales por orden, parecía que hoy haríamos la Canal de l’Avellanosa
y la Canal del Verdaguer. Seguimos la misma ruta que la salida anterior hasta
la casa de Mesquita. Aquí, giramos a la izquierda y tomamos el camino que va al
collado de la Terma Alta, una piedra clavada que marcaba la división entre los
dominios de los Pinós y los de los Berga; aún se pueden ver los escudos
grabados.
La Terma Alta
Y el escudo de Berga
El camino continúa hacia
el norte, limpiado recientemente por los cazadores. Aquí está La Taleia (o
Atalaya en castellano); aún no hemos decidido si es una simple casa o algo más
antiguo. Mientras vamos bajando, empiezo a hacer cálculos y algo no cuadra. “¿Cómo
vamos a llegar a la Canal de l’Avellanosa?”, pregunto a Pep. “Y si subimos la Canal
de l’Avellanosa y bajamos la Canal del Verdaguer, ¿cómo vamos a llegar al coche
desde allí abajo?”. “Es que nos falta la Canal del Sant”, me contesta, mientras
examina sus uñas. “Ya estamos otra vez con las agendas ocultas”, pienso. “¿No
dijiste que no había camino para subir esa canal?”, le digo. “Dije que no lo
había visto, no que no hubiera”, precisa Pep.
El camino de la Terma Alta a la Taleia
En eso llegamos al
collado donde está la Taleia y bajamos hacia el este, hasta la entrada de la
Canal del Sant, marcada por una gran carbonera. Y efectivamente se ve un camino
que sube por el centro del valle, ahora despejado por los cazadores. Vamos
empalmando carboneras, desviándonos brevemente para mirar un camino lateral que
se encamina hacia la Terma Alta pero sin llegar a conectar por lo tapado. En
total, 200 metros
de desnivel que llevan la magdalena al límite de sus posibilidades. En el
collado arriba, llamado Passant del Llop en el mapa del Alpina, vemos que el
camino continúa en descenso al otro lado y finalmente nos deja en los campos de
la Mesquita.
La entrada de la Canal del Sant. El musgo que cuelga de los árboles es uno de los alicientes de estas canales
Nos dirigimos al camino
del Cap de l’Avellanosa. Allí, en el collado, se ve un camino un poco perdedor que
inicia el descenso. De hecho, de tan perdedor que es, lo perdemos pero
recuperamos un camino muy marcado en el primer collado de los Agullons del Sala
y que es lo que conocía Pep. Este camino entra en el centro de la canal y luego
sigue bajando por el lado izquierdo. Entre las típicas carboneras, vemos muros
que nos dejan un poco perplejos: no tienen la forma de carboneras; y encarados hacia
el norte, no pueden ser campos. Al final, deducimos que pueden ser bancales
para el cultivo de los avellanos que han dado nombre a la Canal.
Después de la dura subida
de la Canal del Sant, la bajada es muy relajante. Llegamos a un collado que
marcaría el final de l’Escanyacabres. Aquí hay un cruce de caminos. A la
izquierda, el camino de vuelta a la Canal del Sant; a la derecha, el camino a
la Canal del Verdaguer; y delante, el camino que habría cruzado el río
Merdançol, ahora cortado por el pantano. Seguimos este último un rato hasta que
empieza a bajar demasiado y luego volvemos al cruce.
Decidimos almorzar en la
carbonera a la entrada de la Canal del Sant. Aquí cada uno escoge una piedra y
un lugar para sentarse según su rango y antigüedad.
Vista de la presa desde encima de Pedret. Detrás, el pantano y las montañas de Figols
Sólo nos queda deshacer
el camino hasta Pedret, pasando nuevamente por la Terma Alta. Salimos a la
iglesia ante un paisaje idílico. Hace sol con una brisa suave y la cantidad justa
de nubes para ir variando la luz. Los prados tienen un verde perfecto. Cantan
los pájaros, revolotean las mariposas. Una mujer lee bajo un árbol acompañada por
sus dos perros. Cuando llegamos al coche, ya está llegando más gente dispuesta
a pasar un final de tarde al aire libre.
Berga y Queralt desde Pedret con la luz de la tarde
Con eso, damos por
concluida la salida de hoy. 11,9
km ; 830
metros de desnivel acumulado.
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domingo, 24 de febrero de 2013
21/2/2013 – Regreso a Picancel
Avanzamos la salida un día esta semana por la previsión de mal tiempo. Ya habíamos hablado de volver a las canales de Picancel. “Hay que repasarlo todo”, me confesó Pep. Los primeros mapas de 1:5000 que tuvo Pep fueron precisamente de estas montañas y si no me hubiera conocido un año después, igual hoy todavía estaría subiendo y bajando esos inhóspitos barrancos. Sea como sea, Pep no desaprovecha la oportunidad de culparme a mí el hecho de que haya estado alejado tanto tiempo de su amada sierra.
Pep tiene un compromiso a primera hora y quedamos que no iría al Mikado hasta pasadas las 8.30. A las 8.40, cuando estoy a punto de salir de casa, Carles me llama indignado. Ya lleva 45 minutos esperando, ha desayunado y está en la calle. Evidentemente, hubo un fallo de comunicación pero yo, sin café y magdalena, no doy un paso y consigo convencerle para que vuelva al Mikado. Pep no tarda en llegar. Repasando opciones, Pep decide empezar desde Pedret. Yo no he traído mapas para esa zona así que iremos ciegos, con sólo el mapa del Alpina para orientarnos.
Dejamos el coche en el puente gótico de Pedret sobre el Llobregat, reclamo turístico de primer orden, y subimos hacia el segundo reclamo, la iglesia de Pedret, abierta para visitas guiadas los fines de semana.
Pont de Pedret
Iglesia de Sant Quirze de Pedret
Pep decide subir a la casa de la Mesquita por las pistas para así tener más tiempo para charlar con Carles de sus avances en los archivos. Les recuerdo que estoy esperando las fichas. Pep me mira con aire reprobador. “Tiempo al tiempo. Todavía estamos planteando cómo vamos a hacer las fichas. No quieras correr antes de andar”. Empiezo a sospechar una conspiración para impedir que mi best-seller vea la luz del día.
En eso llegamos a las ruinas de la casa de la Mesquita. Su nombre no tiene nada que ver con la conquista árabe de la península ibérica sino que quiere decir “pobre” en catalán antiguo.
Ruinas de la Mesquita
En el fondo, Puig Arbessós, visto desde la Mesquita. Aquí hay los restos de un castillo pero el acceso no es nada fácil
Pep quiere ir hacia la izquierda a la Terma Alta, la Taleia y subir la Canal de l’Avellenosa. Yo tenía una colita en el camino que va a la casa de Covil e insisto en que vayamos a la derecha para buscar esa colita. Tras cierta resistencia, Pep finalmente accede y, unos 10 minutos después, nos plantamos en la colita. El camino parece recién limpiado por los cazadores pero, aún así, Pep duda de su autenticidad … hasta que llegamos a la primera carbonera.
Seguimos subiendo hasta salir al Cap de l’Avellenosa. A nuestra izquierda vemos la curiosa formación llamada l’Escanyacabres y delante el camino que baja por la Canal de l’Avellenosa.
El lomo de l'Escanyacabres. Al fondo, el pantano de La Baells
Seguimos hacia el este y entramos en una zona de campos, que se debían cultivar desde la casa de Covil. Seguimos subiendo y salimos en los Agullons del Sala, una de las muchas aristas que se extienden hacia el pantano. Salir de repente de los árboles con el precipicio delante nuestro y la enorme pared que corta la Canal del Verdaguer me produce una sensación muy extraña en las piernas y el estómago y un fuerte deseo de aplastarme contra el suelo como una cucaracha para no caer en la tentación fatídica de acercarme al borde.
Mirando hacia la Canal del Verdaguer. La foto no hace justicia a la abrumadora impresión de vacío.
Pep inicia a Carles en los misterios de las canales de Picancel
Justo en ese momento, se despejan las nubes y sale el sol. Pasamos un rato aquí digiriendo las sensaciones y las vistas, ya que ni siquiera Pep ha estado aquí. “A ver si podemos bajar a la Canal”, musita Pep. “Esa aparente resistencia inicial a mi propuesta, ¿no habrá formado parte de una agenda oculta para traernos al fondo de la Canal del Verdaguer?”, especulo, mientras bordeamos el abismo en busca de una manera de bajar. Finalmente, llegamos a una canal secundaria con una pendiente asequible e iniciamos el descenso, sin saber si nos veríamos frenados por un salto infranqueable y tendríamos que volver a subir. Pero luego se intuye un camino, que va cobrando claridad, hasta entrar en el camino principal.
Carbonera en la Canal del Verdaguer. Observad el negror de la tierra.
Yo había subido la Canal del Verdaguer con Pep hace muchos años pero era otra ruta que se aparta del fondo del valle. Esta vez se ve un camino muy claro, con signos de haber sido limpiado no hace mucho, que va pasando por carboneras. Bajamos unos 100 metros de desnivel por el valle y, durante la próxima hora, exploramos caminos secundarios antes de reemprender la subida nuevamente, saliendo en el camino señalizado de Sant Miquel a Covil en el Collet de les Fustes, que recorre la cresta.
Pep se apoya con ademán relajado en su bastón. Para él, esos barrancos son como su segunda casa.
Todo este valle sirvió de refugio para el maquis después de la Guerra Civil y la casa de Covil fue su cuartel general. Para acabar con ese nido de avispas, la Guardia Civil obligó a todos los habitantes del valle de la Portella a marcharse y dinamitó la casa de Covil. En esa casa almorzamos.
Camino a Covil desde el Collet de la Fusta
Desde Covil, hay dos posibilidades para volver a Pedret. Por la izquierda, pasando por la Font Bona o por la casa de la Mesquita. A mi me parecía que por la izquierda sería más recto pero Pep prefiere por la derecha y así se hace. Y menos mal que no me hizo caso, dirá Pep cinco minutos después, porque muy cerca de la casa, Carles ve unas piedras sospechosas en el bosque y resulta ser la casa medieval de Covil.
La casa de Covil
“Las veces que he venido por este camino y no la he visto”, se lamenta Pep. Pero a veces hace falta una mirada fresca. Seguimos el camino a la Mesquita, de mucha categoría aunque no señalizado. Como otros caminos en Picancel, muestra signos de erosión por el paso de motos en los puntos de más pendiente y, a juzgar por las huellas, parece que siguen viniendo, a pesar de que esté prohibido.
Desde La Mesquita, tomamos el camino de la cresta hacia el sur, saliendo en la Rasa del Guimbas, y desde allí, sólo hace falta seguir la pista que bordea el torrente hasta llegar a la iglesia.
Con eso, damos por concluida la salida de hoy. 11,0 km ; 590 metros de desnivel acumulado.
PD. Picancel es una sierra con picos en forma de dientes de sierra que va de oeste a este desde la presa del pantano hasta Borredà, flanqueando la ribera sur del Merdançol. Visto desde la carretera de Vilada, parece impenetrable pero la verdad es que está lleno de caminos, algunos para explotar el bosque y otros más importantes para acceder a distintos puntos del valle de la Portella. Vamos a dedicar al menos una parte de la primavera a repasar esta misteriosa sierra.
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